CAPITULO 118

ARTEMISA

La maniobra se repite unas cuantas veces y la situación ya roza lo insoportable, el plug lo mueve y aunque ya no siento dolor, no es gratificante saber que algo está ahí haciéndome sentir como un animal.

Arqueo mi espalda y las muñecas me crujen en el interior de los grilletes, me muero de asco al sentir sus manos recorrer mi intimidad, acaricia ahí, mi clítoris queriendo que humedezca, pero aún no llega ese momento porque el masaje pasa a mi espalda. Siento el pulgar dejando el rastro
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