ANDROMACA
—Soy un hombre de culos
Abre más mis piernas teniendo más acceso, a lo que interna un dedo que me revuelve las entrañas con el ardor de su intromisión, tiemblo y rezo porque alguien ingrese y me ayude, me salve del movimiento de su dedo en mi interior.
—No me gusta que me engañes con Stavros—me siento asqueada con su dedo en mi aro prohibido saliendo y entrando—y mucho menos que golpearas a madre como lo hiciste.
—Se lo busco—suelto con el nudo en la garganta de querer gritar—para ya,