La madrugada transcurrió en silencio, pero para Verónica fue una noche interminable.
Cada vez que cerraba los ojos veía la hoja del registro del hospital y aquella firma que había dejado sin darle importancia. Se levantó varias veces de la cama para caminar por la habitación, intentando calmar la ansiedad que la consumía.
Fernando despertó al sentir sus pasos.
—¿No puedes dormir? —preguntó con voz adormilada.
Verónica se sobresaltó.
—Solo tengo un poco de insomnio.
Fernando se incorporó y la ob