El silencio invadió la habitación del hospital.
Todos permanecían atentos a Isabella. Los médicos observaban los monitores, mientras Fernando y la madre de la joven apenas podían contener la emoción.
De repente, Isabella volvió a mover los dedos. Esta vez el movimiento fue más evidente.
El doctor Ramírez se acercó de inmediato.
—Aumenten el monitoreo. Su actividad cerebral sigue mejorando.
La madre de Isabella tomó la mano de su hija con fuerza.
—Hija, si puedes escucharme, no te rindas. Estamo