El desayuno había terminado, pero la sensación de confesión y ternura permanecía flotando en el ambiente. Gabriel recogió los empaques vacíos, insistiendo en lavar los pocos platos que había usado, mientras Valeria lo observaba en silencio, con una mezcla de incredulidad y ternura.
No era normal. Nadie antes se había quedado después de verla llorar. Nadie había escuchado sus inseguridades sin huir o aprovecharse de ellas. Gabriel no parecía querer salvarla por lástima; parecía simplemente quere