El amanecer llegó gris y pesado. Valeria había pasado la noche en vela, dando vueltas en su cama, abrazando la almohada como si intentara acallar el eco de aquel beso. Cada vez que cerraba los ojos, sentía de nuevo la calidez de los labios de Gabriel y la fuerza de sus palabras: “Prefiero perderlo todo antes que perderte a ti”.
Pero las dudas no se iban. ¿Podía confiar en él? ¿O era todo un espejismo, una ilusión que en cualquier momento se rompería?
Se levantó temprano, preparó un café aguado