Estoy preparándome para la cena que tengo hoy con Santiago. Ha sido un día complicado y, lo juro, pensé que se iba a enojar por lo que ocurrió, tal como lo hizo su madre. Pero no lo hizo. Él supo entenderme, aunque me pidió que no volviera a hacerlo. Me pongo un vestido ajustado con un escote que, de seguro, dejará a Santiago loco.
Bajo las escaleras para encontrarme con Santiago y, cuando me ve, se le abre la boca mientras me mira de arriba abajo con deseo.
—¿Te gusta lo que ves? —me acerco a é