Llegamos a la oficina y lo primero que hace Santiago es curarme la mejilla, que la perra me lastimó. Y vaya que sí me dolió cuando puso alcohol en esa parte.
—Te mataré, eso me duele —me quejo mientras Santiago pasa una pomada en la zona.
—Necesitas curación, así que deja de llorar —quiero matarlo por sacar su sonrisa seductora en estos momentos. Entra una mujer a la oficina, bastante guapa y con un buen cuerpo, que al ver a Santiago por poco se lo come con la mirada.
—Buenas tardes, yo soy Paol