Epilogo.
Nunca en su vida Brooklyn se había sentido de esa manera, jamás había sentido tantas cosas en su pecho como en ese instante. En cuanto las notas del piano empezaron a inundar el lugar lo supo, sabia quien las tocaba, sabía que estaba a punto de pasar incluso antes de girar su rostro y contemplarlo. Allí sobre el escenario estaba su más grande tormento y su mayor alegría, porque si eso era Zero Evans para Brooklyn.
Un tormento que la asediaba desde el instante en que lo vio aquel día y ese par d