Cap. 32 Últimos días felices
Por la noche…
A pesar de su estómago, el deseo sexual en ellos era pleno, Zeink acariciaba a su bella esposa y le decía lleno de pasión:
—Como ansiaba tenerte…
—Ya me tienes…—lo besaba ella.
—Eres la única mujer que he amado en mi vida…
—Y tu eres el hombre de la mía…
Sintió su boca en su pesón sensible por el embarazo y gimió de placer, solo Zeink podía transportarla al placer, cada caricia que se daban, cada beso y roce de sus labios la llevaban a esa habitación de la universidad donde f