Alexis.
1 semana después.
Los nudillos me arden, el aire que respiro quema mis pulmones, los latidos de mi corazón son tan acelerados, bombean a toda velocidad adrenalina por mi cuerpo, mis golpes son certeros, letales; el motor que me impulsa es algo más fuerte que la ira, más complicado que la ansiedad. Hay una llama en mi interior que prevalece, que no importa lo que haga para extinguirla ahí sigue, no se marcha, no se apaga y constantemente se aviva al pensar en una mujer, una mujer de ojo