Estoy parada frente a la puerta de cristal que da al extenso jardín trasero, debo reconocerle a Meison que lo que tiene aquí atrás es lo más parecido que me podría llegar a imaginar al Edén; bajo la mirada al pomo adiamantado, al estirar la mano siento de repente espasmos que me detienen por milésimas de segundo, mi cuerpo no se siente listo para estar en el exterior, aprieto los dientes molesta.
Me irrita y decepciona en partes iguales ver hasta qué punto me dañaron 6 meses de encierro, en to