Alexis.
Me acerco sigiloso al auto escondido entre la oscuridad y unos arbustos, abro la puerta del copiloto con cuidado y me dejo caer en el asiento de golpe provocando que el conductor de un salto y parpadee con rapidez, me quito el pasamontañas y lo miro molesto.
— ¿Estabas dormido?. – Alessandro bosteza y niega con la cabeza. — ¿¡Cómo se te ocurre?! Se supone que eres mi vigía, si viene el marido tienes que avisarme.
— Oh, tranquilo ese sujeto nunca viene, parece que su muje