Lo decía demasiado decidida
Ladeé la cabeza y le sonreí ignirandola por completo
—Santiago —llamé.
Él apareció casi al instante desde la zona de la cocina, atento como siempre.
—Sí, señora.
—Prepara dos desayunos y llévalos a mi alcoba, por favor
Él asintió.
—Enseguida.
Se dio la vuelta y desaparec