Martín dejó el celular al instante, los niños se levantaron asustados y yo me puse de pie con calma, mientras Rebeca aparecía en el balcón del segundo piso con la bata medio abierta, el pelo mojado y una desesperación total.
—¡¡Mi collar!! —gimió—. ¡No está!
Vi a Martín de reojo, soltó un suspiro ir