—¡¿Cómo puedes….?! —soltó ella, con la voz quebrada—. ¡¿Desde cuándo, Martín?! ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?!
Martín se recostó, viéndose totalmente cómodo, como si explicárselo no valiera la pena, únicamente la miró de arriba abajo como si evaluara algo que ya no sirve y ese gesto le dolió más que