—Rebeca, ya habíamos hablado de esto —dijo, tratando de sonar calmada—. No pueden desayunar helado. No es comida para esta hora, les hace mal.
Rebeca soltó el aire despacio, como si estuviera cansada de escuchar lo mismo. Ni siquiera la miró, siguió en lo suyo, con esa calma que a esas alturas ya em