Poco después vio lo que más le interesaba. Melanie estiró la mano hacia la mesita de noche, tomó el frasco de pastillas y se las llevó a la boca.
Rebeca no apartó la vista ni un segundo. Se quedó mirando cómo, poco a poco, el cuerpo de Melanie empezaba a relajarse y cómo al fin lograba tomar aire co