Ella esperó a que se fuera, respiró hondo; aún tenía presente su beso y lo que le dijo, pero sabía que al entrar todo volvería a ser como siempre y lo sintió.
—¿Y tú qué haces aquí? —dijo Yolanda, apoyada contra la pared con los brazos cruzados—. Ni se te ocurra pensar en salir. Después de lo que le