—¡Ahí está! —gritó uno de los hombres.
Claudio se arrodilló a su lado, le tomó el rostro entre sus manos, buscando desesperadamente un pulso en su cuello.
—Melanie, reacciona!!
Pero el cuerpo no respondía.
—¡Tenemos que sacarla de aquí ahora! —ordenó
Juntos, rompieron los restos de la ventana. Al ot