Eso me quemó la sangre.
La empleada seguía hablando, inspeccionando como si fuera una inspectora policial.
—Eso no es de tu maldito interés —le dije, tratando de mantenerme firme.
—La señora Rebeca dijo que todo lo valioso debía estar bajo control —dijo con total descaro—. Voy a botar todo esto
Mi m