Estefan se dirigió a la entrada de la ciudad, se situó sobre la muralla mirando hacia el camino y fue fácil saber de quienes se trataba. Dio aviso a sus hombres para que los dejaran entrar sin problemas y que los guiarán a la mansión. Se quedó en ese lugar desde la altura mirando a los dos carruajes pasar.
Se giro nuevamente mirando hacia el camino para ver otro carruaje acercarse, el olor que de él provenía le daba una idea clara de quién se trataba. Frunció el ceño y ordenó que lo estuvieran,