La jefa nos observa en silencio durante unos segundos que se sienten demasiado largos. El viento todavía sacude las lonas del campamento y, a lo lejos, el cielo sigue gruñendo con los primeros truenos de la tormenta. El olor a tierra mojada entra por la puerta abierta de la cabaña.
Luego suspira.
—Sé que mienten. —La frase cae entre nosotros como una piedra.
Jasman, que está sentado a mi lado, se endereza de golpe. Leonardo permanece inmóvil, pero siento cómo su cuerpo se tensa. Yo intento