ZAIA
“Lu…Señorita Zaia…”. Miro hacia arriba y veo a Daniel, uno de los asistentes de Sebastián, parado allí. Él baja la cabeza cortésmente hacia mí.
"Es bueno verte, Daniel", digo en voz baja. No importa lo devastada y molesta que me sienta ahora, no puedo permitir que eso afecte nada más. Le sonrío lo más cálidamente posible y él me devuelve la sonrisa alegremente.
"Es un placer volver a verla, señora".
"Lo es", digo, tocando su brazo por un segundo antes de irme.
Hay policías por todas pa