“Poco más de cinco horas”. Ella mueve su mano ante lo que estoy seguro es la sorpresa en mi rostro. “¡Está bien! Debes haber estado cansado”.
Frunzo el ceño ligeramente. “Sí… Realmente no he dormido bien por un tiempo, y en la naturaleza… me siento como en casa”.
Ella asiente mientras hurga en su bolso y saca dos frascos.
“Eso es genial… toma. Traje café”. Me tiende uno mientras me da una sonrisa.
Una sonrisa que me hace sentir más liviano.
“Gracias, viniste preparada”, respondo, haciéndola