Tomada por sorpresa, soy incapaz de controlar las emociones que él invoca y la proximidad repentina hace que mi mente se quede en blanco y la urgencia de besarlo me domina. Me inclino más cerca, sin importarme que no estemos solos, y tocando su rostro, hago exactamente eso, reclamo sus labios en un beso profundo y mis ojos se cierran revoloteando.
‘Vaya, no, nena…’, murmura él a través del enlace mental, pero me devuelve el beso, su mano se deslizándose debajo de mi top de crochet, rozando la p