ZAIA
“Mami… Mami…”.
Frunzo el ceño y gimo levemente cuando soy sacada de los sueños problemáticos que me atormentaban. Abro los ojos y veo a Zion de pie, parado sobre mi cama.
Casi salto, pero el dolor sordo en mi cintura me lo impide.
“Zion… mi amor, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Estás bien?”, pregunto, la preocupación me invade mientras me obligo a sentarme y a acariciar su rostro mientras él se sienta allí arrodillado en la cama a mi lado, mirándome fijamente.
“Ellos vienen, mami, tienes qu