SEBASTIÁN
Mis ojos brillan y estoy harto de su retorcido chantaje. Me doy vuelta en un instante con ojos llameantes, mis manos se deslizan dentro de sus bolsillos donde sé que ambos hombres guardan sus armas. Preparando el gatillo, ladeo mi cabeza.
“Estoy harto de escuchar su maldito chantaje, ustedes dos. Sigan así y no me abstendré de volarles la cabeza. Estoy aquí, y sé exactamente cuánto me necesitan. Sigan antagonizándome y no dudaré en matarlos a ninguno de ustedes”, digo con frialdad.