’Mata a Hugh Toussaint. Son órdenes del Padre’. La voz tensa de Gaultier llega. Miro a Hugh, quien acaba de liberarse de sus esposas mientras se pone de pie tambaleándose. Sus ojos están en la pistola en la esquina.
Agarrala...
‘¡Agarra la pistola!’, gruñe Gaultier.
Me doy vuelta bruscamente cuando Zaia me muerde el cuello, me la quito de encima, pero el dolor en mi pecho solo empeora. La estoy lastimando. La estoy lastimando, maldita sea. Vamos, Hugh, saca a tu chica testaruda de aquí.
Sé q