Estoy temblando ligeramente.
Este es Jai... mi Jai...
Tienes una mano firme, Valerie, ¡puedes hacerlo!
Él ha estado allí para mí... Tengo que estar allí para él. Tengo que devolverle el favor que le debo. Tengo que...
Mi respiración se entrecorta al oír cómo sus latidos se ralentizan.
"¡Jai! ¡Quédate con nosotros!", grito.
"Jai, escúchame", gruñe Sebastián. "Mírame".
Jai gime, pero puedo ver en sus ojos que está perdiendo la concentración.
"¿Qué ha pasado?", pregunta Sebastián, su voz ag