ZAIA
Miro a los ocho hombres que ahora llenan mi oficina en la casa de la manada; no sé qué decir. Cinco de ellos supuestamente eran algunos de nuestros más confiables, pero para que simplemente permitieran entrar a Annette de esa manera...
La puerta se cierra después del último y coloco mi barbilla sobre mis manos entrelazadas, mis codos apoyados en el escritorio.
"No sé por dónde debería empezar", digo en voz baja.
Estoy un poco inquieta porque tampoco he podido comunicarme con papá. Esper