No sabía qué hacer. Sus tarjetas estaban bloqueadas, sus cuentas vacías. Ni siquiera podía pedir comida a domicilio. La idea de tener que depender de alguien, de verse reducido a la nada, le revolvía el estómago. Siempre había despreciado a los "muertos de hambre". Y ahora, él era uno de ellos.
La vergüenza lo invadía. ¿Cómo había llegado a esto? Su orgullo, antes inquebrantable, se sentía pisoteado. La imagen de Catalina, con su mirada fría y su autoridad recién adquirida, no dejaba de taladra