El silencio del apartamento era denso, pesado, solo roto por el tic-tac del viejo reloj de pared en la sala. Las sombras se alargaban, danzando con la tenue luz que se filtraba por la ventana, y cada minuto que pasaba se sentía como una hora. Catalina, con el corazón latiéndole con una mezcla de ansiedad y determinación, esperaba. Había decidido que no podía seguir ignorando el comportamiento de Leonardo. Su actitud defensiva, sus desplantes en la oficina, la tensión constante que irradiaba… to