Después de que Leonardo se retirara a la habitación de huéspedes, Catalina se quedó un largo rato sentada en el sofá, repasando cada palabra, cada silencio, cada mirada compartida. Había visto una grieta en la armadura de Leonardo, una rendija por donde se asomaba un hombre confundido, inseguro, pero también… ¿receptivo?
Al llegar a la oficina, ambos se sumergieron en sus respectivas tareas. Catalina se concentró en los detalles del proyecto de inversión, revisando planos y cálculos con su habi