Una semana después, Diana regresaba de la pastelería junto a Vadim, dejo a su hijo con Nora y fue a saludar a Enzo que trabaja en su oficina.
—Enzo, cariño he vuelto.
—Me alegra escucharlo —dijo Enzo despreocupado.
Diana se paró en la puerta desconcertada por la falta de emoción en las palabras de Enzo.
Al ver que Diana no tenía intención de irse, Enzo dejó de escribir en la computadora y miro a Diana con curiosidad —¿Qué ocurre Diana?
Diana negó con la cabeza —¿Por qué no tenemos una charla?
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