Tras un intercambio de miradas y sonrisas él le ordenó al cochero poner en marcha el carruaje.
Al girar sobre sus talones, Anastasia se encontró con su madre, quien estaba cruzada de brazos y con una mirada curiosa.
¿Y bien? — preguntó ella.
Anastasia frunció el cejo, quería pasar de largo e irse a su habitación ignorándola, pero sería imposible.
—Se ha ido — respondió sin dar detalle.
Pasó a un lado de ella pero su madre la tomó del brazo.
—No los dejé a solas a propósito para que sólo me diga