¿Sucede algo, milord? — preguntó la condesa Percival.
—No, todo marcha estupendamente bien— respondió él con una sonrisa — Instrucciones personales que le daba a mi sirviente. Eso es todo.
No había podido acercarse a esa bella dama como él hubiese deseado ya que Lady Percival acaparaba toda su atención. Había visto a la misteriosa dama bailar con varios caballeros, desde ancianos, hombres jóvenes que para él eran unos simples niños y con cada uno de ellos nunca paraba de sonreír, era su sonrisa