Harvey sonrió con calma.
“¿Qué quieres que haga?”.
Jace se rio entre dientes con frialdad.
“Arrodíllate y admite que te equivocaste, y luego rómpete cada uno de los brazos”.
“¡Trae a mi cama a esas dos mujeres que se han escapado! ¡Jugaré con ellas tres días enteros!”.
“¡Cuando esté contento, te dejaré ir!”.
Harvey entrecerró sus ojos.
“Decidí romperte cada uno de tus miembros. ¡Nunca volverás a ponerte de pie!”.
“¡Será mejor que sepas lo que te conviene, Harvey!”.
Jace estaba furioso;