El cuerpo de Jason Leo temblaba incontrolablemente.
Sabía muy bien qué opciones le estaba dando Harvey York en ese momento.
O se suicidaba o se convertía en el sirviente de Harvey.
¡A nadie se le ocurriría convertir a un Dios de la Guerra en su propio lacayo!
Jason se llenó de rabia desenfrenada en este instante.
La dignidad y la razón que le quedaban le decían que nunca podría enfrentarse a Harvey si se arrodillaba.
Mientras aún temblaba, el resentimiento podía verse en sus ojos mientras