Las palabras de Lucinda hacen que mi sangre vuelva a hervir.
—¡Solo sácame de aquí, joder! —gruño, empezando a perder la paciencia. Lucinda pone una cara lastimera, como si realmente no pudiera hacer nada para ayudarme— Lucinda, mantén a Clara alejada de esto. Solo va a hacerle más daño. Déjame salir ¡Soy tu puto jefe!
—Lo siento, jefe, pero tú eres el que siempre dice que debemos hacer las cosas de la manera correcta, ¿no? —pregunta con un tono sarcástico y molesto. Tengo que cerrar los ojos