—Sí.
Dejé mi tenedor, y enfrenté los ojos enrojecidos de Lorenzo sin pestañear. —Se llama Consultoría de Inversiones López. La constituí en Los Ángeles con cinco millones de dólares de capital inicial.
La sala quedó en silencio sepulcral. Solo se oía el leve balanceo de los candelabros de cristal.
Estela sonrió radiante. —¿Ven? No estaba equivocada. Su oficina está en el distrito financiero de Beverly Hills. Oí que la decoración es de muy buen gusto.
La madre de Lorenzo me miró atónita. —Viviana