La luz había vuelto a cambiar para cuando comenzó la siguiente actividad. Ahora, en el suave letargo del final de la tarde, el aire dentro del salón de reuniones tenía el silencio dorado de una canción de cuna. Las sombras se alargaban sobre los suelos de madera y se percibía un tenue aroma a eucalipto que flotaba desde un difusor en la esquina. Los facilitadores habían dispuesto las sillas en parejas, frente a frente, apenas un poco separadas; íntimas, pero no demasiado cerca. No demasiado pro