CAPITULO 36
Lyall corrió tan veloz que ya casi llegó cerca de la cabaña, tomó la botella de vino y la regó sobre su cuerpo y se lanzó al suelo fingiendo estar completamente ebrio. El guardia había despertado y no lo había encontrado lo buscó y lo encontró tirado profundamente dormido.

—Gran imbécil....no vas a superar los cuernos de tu mujer....deberías estar agradecido de estar libre. —dijo el guardia cargándola al interior de la habitación. Lo dejó sobre la cama cuando escuchó que Belio llegó entrando c
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