–¡Son mis brownies! –gritó Anna al mismo tiempo que se incorporaba bruscamente estirando un brazo hacia adelante, lo que provocó que la persona frente a ella diera un respingo.
–Por la diosa Selene, ya supéralo…–dijo Gino en voz baja rodeando la cama para poder colocarse a su lado –Sólo eran dos, y mi tía te envió una charola completa al día siguiente…–
Confundida, Anna clavó sus ojos en Gino antes de comenzar a inspeccionar el lugar.
Era una habitación pequeña y blanquecina, detrás del joven