Capítulo 52: Estará en buenas manos.
Al notar vergüenza en la voz de lobo, Neilan dirigió su mirada a su alfa.
Alastor, o más bien, Aníketos, no se atrevía a mirarlo, si no que sus ojos estaban clavados en el suelo, más específicamente, en sus zapatos.
―Tú… ¿Los reconociste? ―preguntó Neilan con algo de duda
―Sí, yo… Aún no perdía el control ―gruñó el lobo ―Sí bien ya había suprimido la esencia de Alastor, aún podía reconocer a mi gente… ―masculló sin levantar la mirada ―Nerón… ¿Alastor está molesto? ― preguntó cruzando los brazos