Capítulo 16: El hechicero Gerard.
Al ver como Anna y Dante dejaban la oficina envueltos en su burbuja enamorada, Leo soltó una risita, se puso de pie, apagó la luz de la oficina y se apresuró a seguirlos.
―Cuanto me alegro por ti amigo mío ―dijo Leo en un susurro ―Agradezco a la diosa porque no te viste consumido por la oscuridad de tu lobo, sin duda, ambos merecen la felicidad que tienen ahora ―agregó con una sonrisa al ver que Anna y Dante se besaban una vez más antes de continuar su camino
Cuando los tres salieron de la casa