David sabía que estaba jugando con fuego, pero no podía evitarlo. La tentación de llevar a Liam al límite era demasiado grande. Con un suspiro, se inclinó hacia adelante y deslizó sus manos por la espalda de Liam, acariciando suavemente cada centímetro de su piel. El temblor que recorría el cuerpo de Liam era una prueba palpable del efecto que tenía sobre él.
—Buen chico —murmuró David mientras sus manos viajaban hasta las caderas de Liam—. Ahora, mantente quieto y no te muevas.
Liam asintió, a