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En silencio, Elliot conducía rumbo a su ático para dejar a Patryce.

Éste, con la mirada fija en el salpicadero, parecía estar en shock.

Elliot, siendo cuidadoso, soltó una mano del volante y la posó en su muslo.

Patryce sufrió un sobresalto y giró la cabeza para mirarle.

-¿Estás bien?- se preocupó Elliot.

El joven tragó saliva.

-¿Viste...viste lo...lo mismo que yo?- preguntó titubeante.

-¿El qué?- se hizo el tonto Elliot.

-Le...le cambió la cara y...y los ojos le...brillaron y...-

Elliot miró q
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