Salí de la oficina con la espalda recta y el paso firme, sosteniendo el libro contra mi pecho como si eso fuera suficiente para mantenerme en pie, pero en cuanto la puerta quedó atrás, algo dentro de mí se desordenó. No fue inmediato, no fue un golpe, sino una sensación progresiva, como si el aire se volviera más pesado y mi cuerpo dejara de responder con la misma precisión de antes.
Tragué saliva mientras avanzaba por el pasillo, intentando ignorar el malestar que empezaba a crecer en mi estóm