Robin apenas cruzó la puerta de la casa de los Davidson y comprendió que algo no iba bien.
El ambiente estaba tan cargado que casi podía sentirse en el aire.
Deric permanecía apoyado contra una de las paredes con los brazos cruzados, sin apartar la vista del hombre sentado en la sala. Alan sostenía la mirada con la misma firmeza, aunque el cansancio comenzaba a notarse en su rostro. Ninguno decía una sola palabra, pero la tensión entre ambos bastaba para hacer incómodo el silencio.
Ian tampoco